Partidos de la Premier

lunes, 19 de abril de 2010

Manchester City-Manchester United (0-1)

Sin hacer un buen fútbol y con más miedo a perder que ambición por ganar, el Manchester United logró una de las victorias más importantes del año ante un rival que, al igual que los Diablos Rojos, abusó del respeto y careció de ideas futbolísticas para desnivelar el marcador.

El comienzo fue vibrante, un ida y vuelta constante en el que cualquier cosa podía pasar. Esos minutos nos hacían pensar que ibamos a vivir un encuentro espectacular, lleno de alternativas y con muchos goles. Fue un espejismo. Con el paso de los segundos, el ritmo de ambos equipos fue bajando y lo que apuntaba a gran partido se convirtió en aburrimiento total. Si no llega a ser por lo que había en juego, la gente se hubiera dormido.

Faltaban ocasiones y sobraba respeto. No había fútbol, pero sí mucho miedo. Demasiado centrocampismo y poco caudal ofensivo. Rooney, Tévez y Adebayor se pasaban más tiempo en la medular pidiendo el balón que en los últimos metros finalizando jugadas. Así no se va a ninguna parte.

En medio de todo aquello, Chelsea y Tottenham se frotaban las manos. El primero porque tenía media liga en el bolsillo... y el segundo porque la Champions estaba a tiro viendo el tremendo bloqueo que sufrían los hombres de Mancini el día más importante del año. Parece que les podía la presión.

Al descanso se llegó con la sensación de estar viendo un partido del Calcio, aunque con la esperanza de ver un encuentro de Premier en la segunda mitad. Dicho deseo no ocurrió. El encuentro siguió el mismo guión y nadie se atrevió a declararse en rebeldía para ir a por el partido. Ferguson fue el único que quiso hacer algo diferente quitando a Gibson para dar entrada a Nani cuando todavía faltaba más de media hora para el final. El ténico del United se la jugaba, pero sus futbolistas preferían seguir con el respeto y el miedo que habían tenido durante la primera hora de juego.

El City aceptó el insulso intercambio de golpes en el centro del campo y mandó un claro mensaje en el que podíamos intuir que firmaban el empate. Ni siquiera Tévez, que empezó como un tiro y acabó dando un paseo, fue capaz de cambiar la dinámica de su equipo.

Pese a todo, el fútbol nos deparaba una grata sorpresa. Nos deparaba un desenlace inesperado y agónico. Y no fue por la valentía o el juego de ambos equipos, sino por la emoción y la intriga de los minutos finales. Las piernas empezaban a temblar y el más listo sería el encargado de reventar los pronóstico. Y ahí, el rey fue Paul Scholes. En la última jugada. En el último suspiro. En el último aliento. Así, como si fuera una película, el centrocampista inglés se elevaba para cabecear a la red un centro de Evra desde la izquierda. La hinchada local quedana silenciada. Los visitantes alcanzaban el éxtasis. Hasta Ferguson gritó y celebró dicho gol como si de un título se tratase. Y es que, podemos estar ante el gol del campeonato.



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